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Silvia Paz: de Mecca a transformar el Valle

  • Foto del escritor: Xochilt Diaz
    Xochilt Diaz
  • hace 1 hora
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Por Xóchilt Díaz/

EL INFORMADOR DEL VALLE




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Este artículo cuenta con el apoyo y es posible gracias a Coachella Valley Journalism Foundation. 





Coachella Valley


Desde las calles de Mecca hasta los salones donde se toman decisiones que impactan al Valle de Coachella, la vida de Silvia Paz ha estado marcada por la educación, la migración, el trabajo comunitario y la búsqueda de oportunidades para las familias de la región.


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Hoy, como fundadora y directora ejecutiva de Alianza Coachella Valley, Paz trabaja para reunir a residentes, organizaciones, gobiernos, fundaciones, jóvenes y otros sectores alrededor de una idea que ha acompañado gran parte de su vida: construir puentes y trabajar juntos para lograr lo que nadie puede hacer por sí solo.



“Soy inmigrante, soy hija, hermana, esposa y madre”, dice Paz al hablar de sus raíces.


Llegó al Valle de Coachella cuando tenía aproximadamente cinco años, después del fallecimiento de su padre. Su madre trabajaba en el campo y, junto con dos de sus hermanas menores, terminó viviendo en un parqueadero de casas móviles en Mecca.


Paz creció cerca del Salton Sea y desde muy pequeña conoció las dificultades que enfrentaban muchas familias trabajadoras.


Recuerda caminar con su madre desde el lugar donde vivían hasta la zona donde actualmente se encuentra la tienda Lions, donde estaba la parada de autobús que necesitaban para acudir al doctor o comprar comida.


“Eran casi dos millas que caminábamos. Dependiendo de si hacía calor o no hacía calor, ya sabíamos en qué árbol nos íbamos a parar”, recuerda.


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Desde niña también comenzó a traducir para su madre y a entender cuánto dinero ganaba la familia, cuánto podían gastar y si alcanzaría para llegar al final del mes.


“Todo eso creo que me hizo madurar a muy temprana edad”, afirma.


Pero esas experiencias también comenzaron a despertar preguntas que con el tiempo definirían su trayectoria.


“Muchas familias trabajan muy duro, pero en realidad no han logrado tener oportunidades para sobresalir, para tener más oportunidades económicas”, explica.

La frontera también formó parte de esa experiencia.


“Muchas de mis experiencias con la frontera, lo que significa tener una frontera dividiendo de mí, de mi familia, todo eso, las oportunidades que encontré aquí y los retos, todo eso ha formado lo que he hecho”, señala.


Paz encontró desde joven personas que ayudaron a ampliar sus posibilidades.




Su hermana Isabel, diez años mayor, fue una de ellas. Cuando Silvia estaba por entrar a la preparatoria, Isabel le explicó qué clases debía tomar para prepararse para la universidad, incluyendo biología, química y otras materias avanzadas.


“Ella me puso en el camino correcto”, reconoce.


Otro personaje fundamental fue Michael Rosenfeld, uno de sus maestros en Coachella Valley High School. Paz recuerda que él le enseñó que sobresalir individualmente no era suficiente.


“Él me enseñó que no era suficiente que uno sobresaliera, sino que nuestra comunidad sobresalía”, recuerda.


La influencia de Rosenfeld fue tan importante que Paz llegó a llamarlo “papá”.


Después de graduarse de Coachella Valley High School, Paz continuó con sus estudios. Su primer año universitario fue difícil. Llegó a un lugar muy diferente a la comunidad donde había crecido y, como persona que aprendió inglés como segundo idioma, siempre estuvo consciente de su acento.


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Su pasión era la literatura y estudió inglés como licenciatura. Durante la universidad comenzó a explorar el campo de las políticas públicas y participó en un programa nacional para personas de comunidades poco representadas, experiencia que la llevó a UC Berkeley.


Ahí comenzó a comprender cómo las políticas públicas podían impactar a las comunidades.


Sin embargo, sentía que algo faltaba.


“Yo no miraba que estaba muy conectado con las comunidades”, explica.


Esa inquietud la llevó a prepararse para ser maestra. Quería conocer desde dentro los retos que enfrentaban los estudiantes.


Regresó al Valle y durante dos años dio clases en Coachella Valley High School.


La experiencia le permitió comprender que, aunque la educación es fundamental, los estudiantes también enfrentan circunstancias relacionadas con vivienda, transporte, recursos económicos y las condiciones en las que viven sus familias.


“La escuela es muy importante, la educación es muy importante, pero tan importante es saber qué apoyos existen y en qué condiciones están viviendo los estudiantes”, señala.


Paz decidió entonces regresar al campo de las políticas públicas y posteriormente obtuvo una maestría en Harvard.


Después de sus estudios y de trabajar a nivel estatal, tuvo la oportunidad de participar en la creación y desarrollo de políticas relacionadas con temas que impactaban directamente al Valle de Coachella, entre ellos infraestructura, energía solar, transporte, vivienda y el Salton Sea.


Fue entonces cuando identificó una brecha entre la creación de políticas y su implementación en las comunidades.


“Existen maneras y existe la política a nivel estatal con la mejor intención de ayudar a estas regiones. Y muchas veces, después de que se pasa una política, viene la implementación”, explica.


La pregunta era cómo asegurarse de que esas políticas realmente llegaran a las personas que más las necesitaban.


En 2010, una iniciativa de The California Endowment, conocida como Building Healthy Communities —Construyendo Comunidades Saludables—, seleccionó al Valle de Coachella como parte de un proyecto de diez años. Paz se incorporó posteriormente como gerente de esa iniciativa.


Durante ese proceso, Paz y otros líderes comunitarios llegaron a una conclusión: transformar una comunidad requería más que una inversión de diez años.


Cuando aquella inversión estaba por terminar, surgió la pregunta de cómo evitar que la comunidad tuviera que esperar nuevamente años para recibir otra inversión y comenzar desde cero.


De ese esfuerzo nació Alianza Coachella Valley.


“La transformación a nuestras comunidades requiere más de diez años”, explica Paz.


La organización se desarrolló con la visión de crear alianzas entre diferentes sectores para lograr juntos lo que una persona u organización por sí sola no puede hacer.


“Una persona sola no lo puede hacer. Una organización sola no lo puede hacer”, afirma.


Ese principio se refleja en el trabajo de Alianza, que reúne a grupos comunitarios, residentes, jóvenes, organizaciones, fundaciones, gobiernos y otros sectores.


La intención no es reemplazar el trabajo de quienes ya sirven directamente a la comunidad, sino unir capacidades.


“Si todos ponemos nuestra herramienta, entonces podemos transformar este lugar”, dice.


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A lo largo de los años, esa colaboración ha contribuido a proyectos relacionados con parques, pavimentación de parques de casas móviles, transporte, senderos y cambios en políticas educativas, entre otros.


Pero para Paz, el resultado más importante no siempre puede medirse en una obra terminada.


“Lo más bonito ha sido la habilidad de una comunidad de poder soñar”, afirma.


Habla de residentes que comienzan con una pregunta sencilla: “Mi comunidad necesita un parque. ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Con quién vamos a platicar? ¿Quién tiene los fondos? ¿Cuál es nuestra contribución?”.


Después llega el momento en que ese parque se construye, aparece un autobús, se desarrolla un sendero o se consigue una inversión.


Para Paz, esos resultados también representan dignidad.


“Somos dignos de vivir en lugares que se miran verdes, que tienen un parque, que tienen una escuela”, afirma.


Uno de los temas que ha ocupado durante años el trabajo de Alianza es el Salton Sea, una problemática que Paz considera compleja y urgente.


La organización cuenta con un programa de ciencia comunitaria en el que jóvenes de la región participan en la recopilación de información relacionada con las condiciones del lago.


Con la orientación de especialistas de universidades como Brown University y UCLA, los jóvenes han trabajado en la recopilación de datos para comprender mejor cómo está cambiando el Salton Sea y qué impactos puede tener sobre las comunidades.



También cuentan con monitoreo de sulfuro de hidrógeno, un gas asociado al olor que algunas personas describen como similar al de huevos podridos y que puede acompañarse de molestias como náuseas o mareos.


Para Alianza, contar con información generada desde la propia comunidad permite complementar los datos utilizados por las agencias y ayudar a mostrar la magnitud de los impactos.


Pero Paz señala que el problema del Salton Sea no se limita al agua. También existe una historia de poca inversión en infraestructura y en las comunidades que lo rodean.


Otro de los proyectos en los que Alianza continúa trabajando es la expansión del CV Link, un sistema regional de senderos y conexión.


La propuesta busca extender el sendero desde la Avenida 56 hacia el Salton Sea y la comunidad de North Shore.


Para Paz, un sendero puede representar mucho más que un lugar para caminar o hacer ejercicio. Puede ayudar a controlar el polvo, proporcionar sombra y ofrecer una alternativa de transporte más segura para quienes necesitan caminar para llegar a la escuela, al trabajo o a otros lugares.


“Si vamos a caminar, tengamos lugares seguros por donde caminar”, explica.


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Alianza trabaja en este esfuerzo junto con la Coachella Valley Association of Governments (CVAG) y otras entidades, mientras continúa buscando los recursos necesarios para que el proyecto pueda avanzar.


Los jóvenes también ocupan un lugar importante en esta visión.


Alianza cuenta con un Youth Organizing Council, donde los jóvenes reciben capacitación para participar en procesos comunitarios, hablar en público y aprender cómo involucrarse en las decisiones que afectan a sus comunidades.


También participan en proyectos de ciencia comunitaria e investigaciones propias.


Uno de los proyectos recientes está relacionado con la calidad del agua en sus escuelas. A través de Youth Participatory Action Research, los jóvenes recopilaron información sobre un tema que les preocupa y trabajan en un reporte que busca identificar posibles soluciones y próximos pasos.


Para Paz, la participación juvenil significa enseñarles que su voz tiene valor y que pueden formar parte de las decisiones sobre el futuro de sus comunidades.


Este año, Alianza Coachella Valley celebra 15 años de trabajo comunitario. Paz, quien comenzó a trabajar en este esfuerzo en 2013, ha acompañado buena parte de esa trayectoria.


La celebración del aniversario representa una oportunidad para reconocer a organizaciones, personas y fundaciones que han apoyado el trabajo durante estos años, pero también para mirar hacia adelante.


“Vamos a soñar un poquito más grande”, dice Paz.


Después de años de trabajo, su visión continúa teniendo como punto de partida las mismas comunidades en las que creció.


Antes de concluir la conversación, Paz dejó un mensaje para los lectores de El Informador del Valle:


“Juntos podemos lograr mucho más”.


Para ella, cada persona tiene diferentes herramientas que puede aportar y el cambio ocurre cuando esas herramientas se unen.


También invita a la comunidad a no dejar de soñar y preguntarse cómo quiere que sus comunidades se vean, cómo quiere que crezcan y cuáles son las oportunidades que desea para sus familias y sus hijos.


“Tal vez son oportunidades que uno no tuvo, pero no quiere decir que la siguiente generación no las puede tener”.


Este articulo cuenta con el apoyo y es posible gracias a Coachella Valley Journalism Foundation www.cvjf.org



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