María de Lourdes Victoria: el café, la memoria y la literatura como refugio
"Este es precisamente el momento en que los artistas se ponen a trabajar. No hay tiempo para la desesperación, ni lugar para la autocompasión, ni necesidad de silencio, ni espacio para el miedo. Hablamos, escribimos, hacemos lenguaje. Así es como sanan las civilizaciones". Toni Morrison escribió estas palabras en 2015. Más de diez años después, resuenan en el trabajo de María de Lourdes Victoria, autora mexicana que escribe en español desde Estados Unidos y que acaba de publicar Tiempo de flor y de ceniza.
La novela se sitúa en el Soconusco chiapaneco de 1903, cuando familias alemanas llegaron a establecer fincas cafetaleras en la región. Narra la historia de Amada y María, dos hermanas tzotziles que crecen como empleadas en la finca La Victoria, hasta que el don de sanación de María despierta sospechas y las obliga a separarse.
La historia tiene raíces en su propia familia. Su abuelo materno, Manuel Muguira Gómez, llegó a México desde Ramales de la Victoria, España, y empezó cargando sacos de café en la Ciudad de México. Las primeras fincas de la familia estuvieron en el Soconusco, donde todavía producen y exportan café. "El café corre por mis venas", afirma. Con la novela quiso honrar el espíritu empresarial de su familia y, al mismo tiempo, visibilizar los problemas sociales que aún persisten en la caficultura mexicana: la pobreza extrema y la explotación laboral.
Lo que retrata la novela no quedó en el pasado. Según la autora, la desigualdad, la discriminación contra los pueblos indígenas y las condiciones precarias que retrata en 1903 persisten hoy, en un contexto agravado por la inseguridad y el cambio climático. En zonas de la Sierra Madre de Chiapas, señala, grupos del crimen organizado extorsionan a los productores para permitir la contratación de jornaleros guatemaltecos. Ante estas dificultades, muchos caficultores buscan mantener la producción y mejorar las condiciones en las fincas, aunque enfrentan obstáculos económicos, sociales y de seguridad que afectan por igual a empleadores y trabajadores. "La situación es difícil tanto para los hacendados como para los trabajadores de las fincas".
A través de María, la autora acerca al lector a la cosmovisión tzotzil y cuestiona la mirada que descalifica la fe ajena: "¿Qué nos hace pensar que la Virgen María es más capaz de concedernos un milagro que un h'ilol tzotzil de propiciar una curación?".
La historia de amor entre Amada y Benjamín, un joven estadounidense de origen alemán, retoma el tema central de su obra: un mestizaje que, recuerda, "va mucho más allá de nuestra ascendencia española".
Sobre lo que implica escribir en español desde Estados Unidos, es clara: "Escribir desde un país anglosajón en donde nuestro idioma y cultura son persistentemente despreciados es un reclamo de identidad y un acto de resistencia. Hay que hacer maromas para abrirse espacios y alcanzar a los lectores hispanohablantes". Para ella, la literatura es "la memoria que una generación entrega a la siguiente".
Oriunda de Veracruz, María de Lourdes Victoria es autora de Los hijos del mar, finalista del Premio Mariposa; Más allá de la justicia, tercer lugar del Premio Planeta 2010; La casa de los secretos y La maletita azul (Planeta, 2025).

Preguntas / Entrevista a María de Lourdes Victoria
Tu familia materna, descendiente del español Nicasio Gómez, se dedicó por generaciones al cultivo y la exportación de café. ¿Cómo influyó esa cercanía con el mundo cafetalero en la escritura de esta novela?
El café corre por mis venas. Mi abuelo materno, Manuel Muguira Gómez, oriundo de Ramales de la Victoria, España, llegó a México de joven para trabajar con unos tíos que tenían almacenes de semillas en la Ciudad de México. Allí comenzó cargando sacos, entre ellos de café. El grano despertó su interés y, poco a poco, se abrió paso en una industria a la que dedicaría el resto de su vida. Años después, su hijo Domingo Muguira Revuelta fundó el Grupo Sanroke, la empresa cafetalera vertical más importante de México. Desde niña fui testigo de los sueños, esfuerzos y retos que enfrentaban mi abuelo y mis tíos para ganarse la vida con el café: adquirir tierras, contratar mano de obra, gestionar permisos y licencias ante distintas agencias gubernamentales, asumir riesgos y responsabilidades, y competir en un mercado volátil, sujeto a los cambios del medio ambiente. A ello se sumaba la responsabilidad de dar empleo a miles de personas de distintos niveles sociales, incluidos los pueblos indígenas. Con la novela quise, por un lado, honrar el espíritu empresarial de mi familia y reconocer su esfuerzo y, por otro, visibilizar los problemas sociales que aún persisten en algunas fincas cafetaleras de México: la pobreza extrema y la explotación laboral.
¿Por qué elegiste ambientar la historia en el Soconusco de 1903, cuando las familias alemanas llegaron a establecer sus fincas cafetaleras?
Al investigar la historia del café en Chiapas, descubrí que el mayor auge de su producción y exportación se produjo durante el porfiriato. También me llamó la atención la llegada de extranjeros durante esa época, pues la presencia de otras culturas ha sido un tema recurrente en mi obra. En La Casa de los Secretos, por ejemplo, comparto con mis lectores la presencia de los irlandeses en Oaxaca. En esta novela quise mostrar la influencia de los alemanes y de otras culturas, como la china, en la región cafetalera del Soconusco. Me gusta recordarles a mis lectores que el mestizaje de México va mucho más allá de nuestra ascendencia española. Además, las primeras fincas de la familia Muguira estuvieron precisamente en el Soconusco, donde hasta hoy continúan produciendo y exportando café.
El don de sanación de María despierta sospechas en una tierra donde “la superstición pesa más que la verdad”. ¿Qué quisiste explorar con ese conflicto?
A través del personaje de María quise acercar a mis lectores a la cultura tzotzil: a su cosmovisión, sus tradiciones, sus creencias y sus costumbres. A menudo, cuando no comprendemos al “otro”, rechazamos su fe, la ridiculizamos y la tachamos de superstición. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar que los tzotziles podrían contemplar nuestra religión judeocristiana de la misma manera: como una serie de creencias sin fundamento que pueden parecerles ridículas. ¿Qué nos hace pensar que la Virgen María es más capaz de concedernos un milagro que un h'ilol tzotzil de propiciar una curación? Con María y su abuelo busco que el lector aprenda a apreciar el sistema de fe de los tzotziles, que, visto de cerca, no es sino otra forma de adorar a Dios —o a los dioses— y de preservar la fe de nuestros ancestros.
En su huida, Amada atraviesa pueblos marcados por la violencia y el abuso contra los indígenas. ¿Qué quisiste mostrar sobre esa época, y qué relación ves con el México de hoy?
Los principales problemas sociales de aquella época eran la desigualdad y la discriminación contra los pueblos indígenas, la injusticia, la opresión de género y el autoritarismo del Estado. Por desgracia, muchos de ellos persisten hasta hoy y se agravan con la inseguridad, el cambio climático, la precariedad laboral y la presión económica. En zonas de la Sierra Madre de Chiapas operan cárteles y facciones locales, como los “Maltos”, vinculados al Cártel de Sinaloa. Estos grupos armados imponen restricciones o extorsionan a los productores para permitir la contratación de jornaleros provenientes de Guatemala. La situación es difícil tanto para los hacendados como para los trabajadores de las fincas.
La novela cuenta el amor entre una mujer tzotzil y un joven estadounidense de origen alemán. El mestizaje cultural es un tema central en toda tu narrativa. ¿Qué aporta esta historia a esa búsqueda?
Las historias de amor entre personas de culturas diferentes abundan en nuestro México lindo y querido. A lo largo de los años, diversas oleadas migratorias llegaron al país por ambas costas desde distintas partes del mundo y por motivos muy variados: en busca de fortuna, huyendo de guerras o atraídas por las iniciativas de presidentes como Porfirio Díaz, quien ofreció tierras baldías a precios irrisorios. Por Veracruz entraron españoles, franceses, italianos, chinos, cubanos, libaneses, alemanes y muchos otros grupos; por el Pacífico llegaron asiáticos, estadounidenses y migrantes de otros orígenes. Esa diversidad ayuda a comprender que el mestizaje mexicano no responde a una sola combinación cultural ni constituye una etnia uniforme. Las personas consideradas mestizas pueden proceder de distintos grupos y no necesariamente comparten rasgos fenotípicos, lingüísticos o culturales exclusivos. En los ámbitos académico y demográfico, el término mestizo se emplea con distintos sentidos: a veces describe una apariencia fenotípica intermedia entre europeos e indígenas y, en otras ocasiones, se refiere a la población que no habla lenguas indígenas, con independencia de su fenotipo o herencia genética. La historia de amor de la novela se inscribe en esa compleja y continua mezcla de culturas que ha dado forma a México.
¿Qué representan para ti la lectura y la escritura?
Para mí, la lectura y la escritura son inseparables: una alimenta a la otra. Leo para comprender, imaginar y descubrir; luego escribo para transformar esas experiencias en historias.
¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta hoy una autora?
Para una autora mexicana que, como yo, escribe en español desde Estados Unidos, uno de los mayores desafíos es mantenerse presente: hay que hacer maromas para que nuestras obras alcancen los lectores hispanohablantes.
¿Cuál es, para ti, el legado de la literatura y qué importancia tiene para las nuevas generaciones?
Para mí, el legado de la literatura es la memoria que una generación entrega a la siguiente. En los libros quedan resguardadas nuestras historias, preguntas, equivocaciones y esperanzas. Las preguntas que dejamos sin respuesta se convierten en terreno fértil para las nuevas generaciones y nuestros errores pueden transformarse, con suerte, en aprendizajes que les eviten algunas penas. La literatura les permite dialogar con el pasado, comprender mejor el presente e imaginar nuevos caminos para el futuro.






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